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Monasterio de Nuestra Señora de Rueda (Sástago, ZARAGOZA)

Descripción

El Monasterio de Nuestra Señora de Rueda se localiza en el término municipal de Sástago (Zaragoza) y es uno de los conjuntos monumentales más bellos de cuantos se localizan en el curso del río Ebro. Junto a los monasterios de Veruela y Piedra, es una de las joyas del arte cisterciense en Aragón, que además todavía conserva la totalidad de las dependencias medievales.

La estructura y la estética de este cenobio se ajustan a las normas de la Orden del Cister que pretenden transmitir unos nuevos valores religioso-espirituales de silencio, contemplación, ascetismo y pobreza que se verán reflejados en sus construcciones. La disposición del Monasterio de Rueda, llamado así por la noria o rueda que servía en su abastecimiento de agua, sigue el llamado "plano tipo" que la Orden estableció en el siglo XII para la construcción de sus nuevas abadías por toda Europa. La iglesia abacial se orienta en dirección Este-Oeste, y el claustro se encuentra adosado a ella. El ala Este del claustro aloja dependencias como la sala capitular y la sala de los monjes además de los dormitorios en la planta superior y en el ala sur se localizan la cocina, el refectorio y el calefactorio. La cilla se encontraba aislada, al Sur del conjunto.

La iglesia del siglo XIII destaca por su gran sencillez decorativa que tiende a remarcar los aspectos constructivos y estructurales. Es un edificio de tres naves de cinco tramos, cubiertas con bóveda de crucería sencilla, sin crucero. La cabecera se compone de tres capillas con testero recto, siendo la central de mayor profundidad que las laterales. Esta tipología de iglesia corresponde al modelo más sencillo de la arquitectura cisterciense. Curioso es el cambio en el material de construcción, de piedra sillar a ladrillo, que se observa en la parte alta de los muros y que podría deberse a los problemas económicos de abadía, así como a la abundante mano de obra mudéjar presente en la zona. El campanario, que se levantó en la cabecera a mediados del siglo XIV, es de factura mudéjar. Se trata de un elemento poco frecuente en este tipo de conjuntos ya que las primeras abadías cistercienses no tenían campanario, tal y como aconsejaba San Bernardo.

Adosado al Sur del templo se encuentra el claustro, centro de la vida monástica, donde la comunidad se reunía con el abad y lugar de meditación y lectura de textos religiosos. Desde este espacio se accede a todas las dependencias de los monjes. Las obras en el claustro se prolongaron en el tiempo desde mediados del siglo XIII hasta 1350, siendo perceptible una evolución de las formas artísticas, pero manteniendo a la vez una serie de elementos que dotan al conjunto de una evidente unidad estilística.

La crujía Este da acceso a la Sala Capitular, al locutorio y la prisión, a la sala de los monjes y, a través de una escalera, al dormitorio de los monjes en el piso superior. Por su parte, la Sala Capitular, era una de las estancias más importantes del monasterio. En ella se reunían los monjes con el abad todas las mañanas, leían la regla y se confesaban o acusaban a otros de incumplirla. Se trata de un espacio rectangular estructurado en dos naves de tres tramos por dos pilares centrales, con una elaborada decoración que rompe así con la austeridad del conjunto monástico.

Al Sur encontramos el calefactorio, el refectorio y la cocina, estancias destinadas a cubrir necesidades fisiológicas y que por cuestiones de funcionalidad se localizaban lo más cerca posible del río. Destaca en esta zona el refectorio, donde comía la comunidad en silencio mientras el lector leía desde el púlpito los textos sagrados. Se trata de un espacio rectangular, cubierto con bóveda de medio cañón apuntado reforzada por arcos fajones, al que se accede a través de una bella puerta similar a la de la Sala Capitular. Su importancia artística se incrementa por la escalera de subida al púlpito, que se encuentra embutida en el muro. Frente al refectorio, en el claustro, un pequeño templete de planta octagonal de principios del siglo XIII hace las funciones de lavatorio, en el que los monjes se aseaban antes de entrar a comer.

Además, junto al monasterio se construyeron una serie de infraestructuras hidráulicas como son el azud, la noria o rueda que elevaba el agua del río hasta el acueducto de factura gótica que repartía el agua por las edificaciones.

A partir del siglo XV, el Monasterio de Rueda entró en una grave crisis económica de la que salió a mediados del siglo XVI. En este resurgir del cenobio, comenzaron a construirse las galerías de la Plaza de San Pedro, a medio camino entre el renacimiento y el barroco y el Palacio Abacial.

En la actualidad, el Monasterio de Nuestra de Rueda es uno de los puntos de mayor interés artístico en tierras a aragonesas. El conjunto ha sido completamente restaurado por el Gobierno de Aragón y habilitado como hospedería.

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Historia

Fundación, Siglo XII
En el año 1182, el monarca Alfonso II, otorgó el castillo y la villa de Escatrón al abad de Santa María de Juncería, Guillermo Pérez, para que fundase allí un monasterio según las formas de la Orden del Cister.

Construcción original, Siglo XIII
En 1202 comenzaron a llegar monjes a Rueda. Construyeron una pequeña iglesia dedicada a San Pedro y posteriormente, en 1225, el monje arquitecto Fray Gil Rubio comenzó el templo bajo la advocación de Nuestra Señora de Rueda.

Siglo XIII (1238)
La iglesia fue consagrada el 21 de marzo de 1238 por el obispo de Zaragoza Bernardo de Monteagudo.

Siglo XIII
A partir del segundo tercio del siglo XIII, el monasterio recibió numerosas donaciones y también la protección de los Reyes de Aragón Jaime I el Conquistador, Pedro III, Jaime II y Pedro IV

Decadencia, Siglo XV al Siglo XVI
Entre mediados del siglo XV y el siglo XVI el monasterio cayó en una profunda decadencia económica consecuencia en parte de la actitud corrupta de los abades que lo gobernaron en esta época. Ante esta situación, Felipe II confió la gestión del monasterio al monje Miguel Rubio, que consiguió salvar al Monasterio de su ruina, mereciéndose el nombre de “restaurador del Monasterio de Rueda” según las crónicas.

Ampliación, Siglo XVI al Siglo XVII
En la segunda mitad del siglo XVI, el abad Rubio comenzará a construir la galería de la Plaza de San Pedro. En el siglo XVII, bajo el mandato del abad Juan Hugarte continuaron estos trabajos que comprenden la galería, hospedería, palacio abacial, portería y puerta real.

Abandono, Siglo XIX
El monasterio fue abandonado en 1809 ante la amenaza de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y al término de ésta en 1814, los monjes volvieron al cenobio.

Desamortización, Siglo XIX (1836)
Como consecuencia de los decretos desamortizadores de Medizábal, la comunidad de Rueda se disolvió, los mojes abandonaron el monasterio y sus bienes fueron vendidos. Comenzó entonces la degradación paulatina del conjunto.

Declaración, Siglo XX
El Monasterio de Nuestra Señora de Rueda fue declarado Monumento Nacional por Real Decreto de 11 de enero de 1924, publicado en la Gaceta de Madrid el 23 de enero del mismo año.

Cambio de propiedad, Siglo XX (1990-1998)
En 1990 las edificaciones postmedievales y la huerta son cedidas a la Diputación General de Aragón por su último propietario. En 1998, el Estado traspasó la titularidad del monasterio medieval al Gobierno de Aragón con el compromiso de restaurar el conjunto.

Restauración, Siglo XX al Siglo XXI
En 1991 se redactó el Plan Director que contemplaba una serie de actuaciones de restauración y rehabilitación del Monasterio de Nuestra Señora de Rueda. El Gobierno de Aragón promovió estos trabajos aportando un presupuesto de 5.487.569 euros. En 2003 finalizaron las obras y se abrió un establecimiento hotelero incluido dentro de la Red de Hospederías de Aragón.

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Bibliografía

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